El caballo Árabe

Los caballos de raza árabe, una de las más antiguas del mundo, destacan por su belleza, vigor y extraordinaria elegancia.

Determinados rasgos morfológicos, como su cabeza y el porte de la cola, resultan claves para entender los cánones estéticos de esta fantástica raza, aunque en un caballo árabe también se valora su carisma, su nobleza o su vigor en el caso de los sementales.


 

 

 

 

La ligereza y facilidad de movimiento sobre el terreno, así como una buena flexión en todas sus articulaciones, acompañan a una colocación alta de la cabeza que hace retroceder su centro de gravedad en relación a otras razas equinas. Todas estas características confluyen en un movimiento harmónico, elástico y de gran belleza plástica.

Desde su génesis en el desierto, lugar en el que el proceso natural seleccionaba a los más fuertes y sanos, la raza árabe ha venido desarrollándose gracias a técnicas de selección por consanguinidad y cruces de líneas, capaces de perpetuar la genética de ejemplares legendarios.

El mérito en el desarrollo del conjunto de características que convierten en única la raza árabe, recae en los criadores quienes, aplicando sus propios ideales de selección, han dejado una huella indeleble que se perpetua en las diferentes líneas de familias.

Durante una prueba morfológica, se tienen en cuenta aspectos como el sexo, la edad o el estado físico del animal. Al juzgar a un caballo, es importante la primera impresión, basada en el tipo y el estilo. Acto seguido, se analiza su morfología de forma minuciosa y finalmente se realiza una observación detallada del movimiento, momento en el que el caballo árabe muestra todo su esplendor.·

De cabeza muy refinada y con una estructura ósea destacada, la raza árabe se distingue de las demás por el elevado porte de la cola, especialmente destacable cuando el caballo está en movimiento. Su pelo fino y sedoso y una piel muy refinada acentúan la expresividad en el movimiento, momento en el que el caballo pone en escena todas sus potencialidades.